Hermano de Sangre
Hacía tanto que no llovía... en los días lluviosos, algo en mi aflora. Todo está triste, húmedo, como si la ciudad que tanto quiero se hubiera echado a llorar. Pero yo, sin embargo, estoy contento. Por que cuando llueve, todo el mundo tiene miedo de salir. Las calles sin refugio alguno de la lluvia se encuentran desiertas, salvo por unas cuantas personas, que corren sujetando un paraguas.
Las gotas caen sobre mi. En mi cara, en mi ropa... Puedo sentir cada parte de mi cuerpo, todas las partes que siempre están ahí, cumpliendo su función, pero que nunca las siento. A veces creo que solo llueve para que el ser humano recuerde su autentica condición, para que lavemos nuestros pecados, y nos dejemos llevar...
Pero ya no.
La tierra se seca, las plantas mueren y nosotros hemos de sufrir bajo la ira del dictador de oro. Siempre allí, inalcanzable. Cada día con mas fuerza, día tras día nos va matando poco a poco. La tierra, ya cruje y se parte ante nuestra presencia, incapaces de aguantar nuestras pisadas sin compasión.
Pero un día llegara el momento, en que compitamos contra el brillo del Sol. Lucharemos contra él, y por una vez, el ser humano demostrará que no necesita de Dios alguno para que se haga la luz eterna. Que la luz eterna, somos nosotros mismos, que no necesitamos el calor del Sol, ni el reflejo de la Luna, ni los consejos de las Estrellas, para poder vivir.
Y ese día, los hijos de la Luna, los herederos del Sol,los conquistadores de Marte, y los dueños de la Tierra, vivirán, ante lo que otros, han muerto.

Respiro...
Oigo el sonido de mi respiración, tranquila, profunda, enferma. Antes todo iba bien. Antes, tenía todo lo que un hombre podía desear. Antes, era importante para la gente. ¿Cómo he acabado aquí? Postrado en una cama, respirando a través de fríos metales, ya solamente soy un enfermo, uno más entre los que me rodean.
No, no soy uno más. Toda la gente que me quería, toda la gente que me apoyaba, todos aquellos a los que le importaba, todos, ya no están. Desaparecieron hace mucho tiempo, pero yo, no me di ni cuenta.
Mis tardes se consumen en esta habitación, cada vez más pequeña. Y solitarias, me recuerdan la triste verdad que se ocultaba tras mi vida. Mi maravillosa vida.
Ya sólo recuerdo mis antiguos momentos de gloria como cualquier otra estrella, demasiado vieja para seguir, demasiado débil para continuar. Mis manos, que en otro momento fueron aclamadas, perseguidas, envidiadas, ahora no son más que bastas extremidades gastadas, demasiado frágiles para siquiera poder coger un vaso.
Mi tiempo se consume, a la vez que mi cuerpo. El humo gris que me dio tan buenos momentos, vienen a cobrar el pago por todos ellos. Y él no se conforma con poca cosa.
Poco a poco, día a día, se acerca un poco más. Debería estar asustado, debería tener miedo he intentar escapar. Debería haber hecho tantas cosas... y las pocas que hice me han conducido a mi tumba vacía de flores, de tierra mojada por el rocío de almas que me deberían recordar.
Pero no me arrepiento. Quizás escogí mal, no lo niego. Pero escogí. Es la diferencia de todos aquellos viviendo vidas que no quieren, hablando de lo que no quieren, amando a quien no quieren. Quizás halla fallado a mucha gente, pero no me he fallado a mí.
Y el 18 de Diciembre de algún año, la vida que nadie quería vino a cobrarse su merecida recompensa...
Es que... ¿hay otra manera de expresarlo con más certeza? Agotado, extenuado. Pero no, mis fuerzas aún no se han agotado, mi voluntad aun no está extenuada. Aún no, mas disminuye peligrosamente.
Mi fuerza... mi voluntad...¿todo ello para que sirve? ¿Con qué fin? ¿Para qué fin? Alguien dijo que lo único que no sabia era que no sabia nada. Y yo lo único que se, es que quiero saber el saber de las cosas. El dar una respuesta a tantos enigmas. Pero una respuesta que no sea, el reflejo del ignorante.
Todo el mundo se a enfrentado al reflejo del ignorante. Hay quién ha preferido ver el reflejo que este le ofrecía. Hay quién ha preferido no mirarlo, y aceptar el reflejo sin más. Hay tantas personas. Tantas y tantas, y cada una tan y tan diferente, a la vez que parecida. Pero el reflejo brilla y atrae a las personas temerosas de caerse. Temerosas de no poder caminar sólas, de necesitar palabras bonitas ante el espejo. Ante un espejo que te mira, y sabe lo que quiere, lo que necesitas. Lo que todos necesitan, pero que no todos quieren.
Por que no quieren palabras bonitas, que esconden verdades inquietantes. Sólo quieren la verdad. Y la verdad no es algo que se pueda encontrar en un sitio, claro que no. La verdad se encuentra dispersa en todo el mundo. Cada persona guarda un pequeñisimo fragmento de la verdad absoluta. Aquella que rige el mundo de los hombres. Pero esta verdad se ha fragmentado. Mucha gente a dejado de lado a otra mucha gente, para crear su verdad absoluta.
Pero, ¿para qué queremos la verdad absoluta? ¿Para poder decir a la gente qué hacer, si están equivocados, o si lo que hacen es correcto? Yo no quiero verdades absolutas, ni espejos, ni palabras bonitas. Yo solo quiero vivir, para no llegar a la muerte, sabiendo que no he vivido.
Simplemente, Carpe Diem