sábado, 22 de marzo de 2008

El Futuro más Prometedor

El Camino Brillante ya había quedado muy atrás.

Ya estaban lejos. Las despedidas siempre eran oscuras, por muchos nombres que le pusieran a los caminos por donde despedirse. Camino brillante para despedidas oscuras. Camino oscuro para bienvenidas brillantes.

Mientras caminamos por los maltrechos senderos, el Sol se va oscurenciendo. El viento ya es viento de tormenta. Las nubes se oscurecen a la par que'l Sol y la gente, empieza a dejar de hablar entre sí, de mirar el horizonte, de llorar... Pero ella aún miraba el horizonte. Aún caminaba con fuerza. Todo lo que le quedaba, estaba detrás del horizonte.

-Debes abrigarte más, dentro de poco lloverá - derepente apareció Sella y la abrigó con una manta de lana gruesa y basta. Empezó a tener escalofríos al sentir el calor extranjero.
-Hay aire de tormenta. Y los pajaros vuelan azorados...-dije, sin dejar de mirar el horizonte. Sella la miró y luego miró al horizonte.
-No caminarás mas rápido por mirarlo más. La gente está triste, cansada y desmoralizada. Los viejos necesitan la sonrisa y seguridad de los jovenes para continuar. No es un camino demasiado largo, pero es un camino peligroso. Por aquí se llevaban todas las transacciones de comercio entre nuestra ciudad y la vecina. Suele haber bandidos que intentar asaltar los caromatos de vienes en pos de alguna moneda para pagarse una comida, un techo en el que dormir y alguien que le caliente las sabanas.
-¿Cómo podria sonreir? Dejamos todo y a todos aquellos que amamos a nuestra espalda. A su suerte... simplemente para mejorar la nuestra. Podemos luchar.
-Podemos luchar. Y morir. Pero ellos pueden luchar, morir y proteger a la gente que quieren. La espada fue forjada por el demonio en lo más oscuro del infierno y otorgada a los humanos para obtener poder y gloria. Pero fue Dios quien nos hizo ver que una espada es de doble filo y que un filo sirve para cortar, pero el otro quizá pueda ayudar, protejer las cosas que amas.
-Yo quiero protejerle a él...
-De él mismo. Igual que todos los demás, han aceptado un destino aciago, una muerte dolorosa a manos de quienes han quebrado su vida. Si no tienen nada que apostar, no tienen nada que perder. Todo lo que les importa está a sus espaldas, y serán sus espadas las que eviten perder todo lo que les importa.

La miro... la entiendo, sé que lleva razón, que es cierto lo que dice. Pero en el fondo de mi corazón, aún siento esto como una traición hacia él... Ya no volvería a ver aquellos ojos claros mirandola por las mañanas. No lo volvería a sentir dentro de ella. No volvería a sentir su olor en la cama, cuando ya se había ido. No volvería... simplemente, no volvería.

Y con el paso del tiempo, llegamos a aquella ciudad, a aquel futuro prometedor, lo único que me quedaba ya. Una sonrisa cruzó nuestras caras. Amanecía, y delante de nosotros aparecía una vida mejor. Empezamos a caminar más rápido, mas ilusionados. Los niños corrían, los ancianos hablaban entre sí y ya nadie miraba el horizonte. Ahora no importaba el horizonte, nuestro futuro lo teniamos a unos cuantos pares de pies de distancia.

Pero aquellos gritos de jubilos no tardan en cortarse. La sonrisa se desvanece de nuestros rostros. Todos miran incrédulos hacia arriba. Por un momento, quise no mirar... simplemente seguir andando y llamar a la gigantesca puerta de madera. Pero no, al final levanté la cabeza como todos y lo ví. Nunca podré olvidar aquel dragón dorado acompañado del rojo y el negro. Aquel estandarte que se erguía ante nosotros, impasible, rompiendo todos nuestros sueños. Todos y cada uno de los sueños.

Y se abren las puertas, donde aparece la guarnición. Empieza a arrinconarnos y a hablarnos, pero no podía dejar de mirar aquel estandarte. No podía. Colores diferentes. Emblema diferente. Sólo por eso nos iban a matar a todos. Banderas, emblemas, colores. No me importaba nada. Me daba igual llamarme Parmesí, Glorano o Terrano. Me daba igual todo.

Nos encenrraron. Nada más. Pasaba las noches mirando ese estandarte, en la punta de la Iglesia. Sólo podía seguir mirandolo, incapaz de hacer otra cosa. Y despues de tantas noches, finalmente me vendan los ojos, me sacan de la celda y me suben a una silla. Me rodean el cuello, ese que tan apasionadamente besaba hace algún tiempo quién ahora yacería amontonado junto con todos los demás.

-Tus últimas palabras Parmesí- dijo una voz grave a mi derecha.
-¿Mis últimas palabras? - me costaba hablar... estaba llorando. El final. Ese del que tanto hablaban, ese por el que uno ha luchado tanto para que fuera recordado. Ahora lo tenía enfrente. Sus últimas palabras, aquellas por las que todo el mundo la recordaría, o mejor dicho, nadie la recordaría. Sus última calada de aire... nunca supo tambien...- simplemente...

¡LIBERTAD!


jueves, 20 de marzo de 2008

Vestigios de un Futuro Aciego

Oigo el abrir de la puerta y el correr de las cortinas.

-¿Ya es la hora?- pregunté, aún con los ojos cerrados. Estaba cansado, con el cuerpo entumecido del escaso descanso, pero aún así, no tenía sueño.
-Ya se están preparando- me respondió, poco antes de salir de la oscura habitación.

Me levanté de manera torpe. Estaba agotado, como si una enorme presión recayera sobre mi. Sentía todo, pero no como siempre... me sentía de manera especial. Mis reflejos estaban intactos, mi cuerpo, totalmente preparado. Pero bastaba despistarse un momento para que hasta la mayor de las flechas se me resbalara entre los dedos.

Y así, comenzé a vestirme, como todos los días. Parecía aún que mi cuerpo no había asumido qué iba a pasar próximamente. En ese momento, todo parecía seguir el tranquilo curso de la rutina. Esa rutina que tanto odiaba...

Terminé de vestirme, tan sencillamente como siempre. Nada de armadura, yelmo o coraza. Una camisa y unos pantalones, un brazalete y un capa. La ropa de siempre para un día diferente. No necesitaba más.

Pero no, aquella vez tenía algo de especial. Urgué entre los cajones de lo mas hondo del viejo armario, para terminar sacando una antigua caja de madera maciza, pesada y polvorienta.

De repente, algo pasó por mi mente, en un momento duditativo. Busqué entre los pliegues de mi camisa con los dedos hasta encontrar la diminuta llave que pendía de mi cuerpo. Nunca había sabido el porqué la había llevado, pero no importaba demasiado.

Y tras el crujido de las visagras, simplemente lo saqué, me lo colgé al hombro y salí de la habitación. Esta vez, no hacía falta cerrarla, era la última noche que su cuerpo reposaría ahí... al menos con vida.

Era de noche. La luna brillaba con fuera, parecía expectante a la vez que tierna y misteriosa. Era una noche fría y el viento susurraba entre los árboles, rompiendo la falsa tranquilidad de aquella tierra. Los cuervos posaban pacientes en los árboles ante el inminente festín. Desde allí arriba, en la muralla, intento despejarme viendo como los hombres preparan los arcos, afilan las espadas y se movilizan a lo largo de ella.

Pero no me despejé hasta que sentí como me recogía con sus brazos detrás de mi. Podía sentir su dulce calor, agudizado por la fría noche. Me di la vuelta para ver esos ojos grises, la única de las razones por las que pasaba frío, sueño y cansancio en una noche como aquella.

-¿Es nuevo?- susurró al abrazarme.
-Vida dura, para gente dura...- susurré también. Me costaba hablar, me costaba mirarla, me costaba sentirla. Sentía tener la mente en otro sitio.
-Dicen que no va a quedar nada de la guarnición que proteje el castillo y el Camino Brillante. Que después de esta noche no quedará ningun hombre capaz de empuñar una espada que pueda llamarse Parmesí.

La miró nuevamente.

-Que bonita es...- pensó - ¿Por que te empeñas en querer preever el futuro? - sentía la voz frágil.
-Por que le presente se consume para dejar paso a un futuro incierto.-
-Mejor tener un futuro incierto por el que luchar que no un destino indeseado que no poder cambiar.
-¿Por qué no nos vamos entonces? Abandonad el castillo y huid con los ancianos y con los niños. Huid con nosotras. Mejor sería un futuro incierto por el que luchar todos y todas que un aciago destino por el que se enfrentan unos pocos.
-Unos pocos se enfrentarán a un aciago destino frente al resto, que se enfretará contra el futuro más esperanzador que vaya a haber jamás. Prefiero morir en una fría noche bajo la luz de la Luna que poneros en peligro- le acaricié suavemente la barriga. Estaba empezando a enfriarse ella también...

Y durante un momento de silencio, la besé, con todas las escasas fuerzas que me quedaban. Pero al final nos separamos. Nos separamos y ella se dió la vuelta mientras sus lágrimas volaban. Y se fue, hacia aquel futuro esperanzador donde yo no tenía cabida.

Y eché la vista atrás varias veces, con un amargo sabor en la boca. Nuestro último beso, nuestras últimas caricias, nuestras últimas palabras... Ya no, ya no importaba nada. El último fragmento de su ser, lo llevaba ella dentro de si. Lo que quedaba de él ya no era más que un arco y unas flechas.

-¿Ya te despediste?- preguntó mi hermano de armas, de batallas, de cicatrices y lágrimas, de esperanzas y sueños.
-Se acaban de marchar- dije suspirando.
-Entonces, esta ciudad ya está vacía. Lo único que queda de ella son algunos bloques de piedra, vigas de madera y banderas sin valor alguno.
-Ya sólo quedamos los Vestigios de un Futuro Aciego...

lunes, 17 de marzo de 2008

El Espejo del Mundo

"Me gustan las nubes por que... son lo mas bonito del mundo, sin formar parte de él"

Luci

Conversaciones con el Diablo

-Mientes

-Todo el mundo miente

-Eso es lo que dice todo el mundo para poder mentir

-Todo el mundo quiere mentiras

-Y exige verdades

-Todo el mundo dice estar ansioso de verdad, pero en su corazón quiere la mejor de las mentiras adulterada por una sonrisa y deslumbrada por el resplandor de un par de ojos. Todos decimos querer cosas, pero lo que queremos en verdad es luchar por conseguirlas, por que no luchar por conseguir las cosas es como no caminar para llegar allí, a donde nos esperan todos...

miércoles, 12 de marzo de 2008

Lanza del Atardecer

Allí está, mi guía hacia lo inexplicable.

Pero antes, a las paredes manchadas de mi carcel añado una historia más. La historia de un hombre que luchó por lo que le pertenecia, para que acabaran arrebatandoselo aquellos que no merecían nada. Como siempre, paradojas de un mundo perteneciente a un Dios que desconozco.

Es difícil empezar esta historia. Desde pequeño siempre me he encontrado sólo. Trabajaba para mercaderes por un par de manzanas podridas, y cuando el trabajo escaseaba tanto como las manzanas, me veía obligado a robar. Pero no estaba hecho para eso y gran cantidad de veces soporté palizas de los mismos mercaderes que me explotaban.

Lo único que no perdí en mi vida fue un arma con la que luchar. Me apasionaba el arte de la guerra, y manejaba la lanza mejor que los jovenes recien instruidos. La lanza que siempre sostenia, durante mi juventud a modo de bastón, era el único y basto recuerdo que portaba mi familia, ya extinguida por las crecientes guerras de los reyes.

No era lujosa, ni artistica. Era una lanza simple, de madera dura y a la vez flexible. Sin ornamenta alguna. No era nada más que madera y acero viejo, afilado una y otra vez. Ligera y adaptada para mi, o quizás yo adaptada para ella puesto que la mano de muchos de mis antecesores sujetaron esta misma lanza con algo más de orgullo que yo.

Así trascurrieron los días de mi vida, oscurecida por los moratones en mi cuerpo, perfilada por mis visibles huesos, quebrada por todos los golpes a los que fue sometida.

Pero no, apesar de todo esto aguanté, crecí y me volví mas fuerte. Era como mi lanza, duro, flexible, sencillo. No necesitaba nada más. Durante algun tiempo trabajé como mercenario y me gané una reputación en las Reyertas de los Caminos. Al poco tiempo el señor de un pequeño castillo me ofreció trabajo como jefe de una de sus guarniciones, pero uno de los jefes no le gustó mi manera de enfrentarse al enemigo, delante de la murralla, no detrás. Acabamos en un duelo en el que gané alguna que otra cicatriz y la expulsión del castillo.

Paseé como caballero errante por todas las tierras. Hice amigos, enemigos y alguna mujer me abrió algo mas que la puerta de su casa. Me fui rodeando de gente, amigos que ví morir y marcharse en pos de algo mejor. Por que todos los que me acompañaban sabian que tarde o temprano, tomarían un camino u otro. Podían hacer lo que quisieran, yo no les iba a impedir cambiar su futuro.

Y con el paso de los años, tras muchas cicatrices por una reputación, me llegaron noticias de que en la ciudad donde me crié aún había un familiar mio. La idea de poder entregar la lanza a alguién con un futuro lo suficientemente claro para que la siguieran empuñando los de mi sangre me tentó. Tras semanas de puestas de soles, llegué a la ciudad que nunca quise volver a pisar.

Busqué la casa del que sea hacia apellidar igual que yo. Tras un tiempo, la encontré, aunque quizás nunca debí haberlo hecho. Era un mercader como tantos otros. Como todos esos que me ofrecian una manzana lustrosa con el corazón podrido para llevar los envios de grano al mercadillo. Como todos aquellos que me daban palizas por pedir lo que era mio.

Pero no... para mi aquello había acabado. Era un hombre ya hecho, no podía volver a ser aquel crío canijo apoyado en una lanza. Con toda la amabilidad que pude sacar, le dije el porqué de mi llegada y las razones por las que quería que la lanza siguiera conmigo.

Y no se lo tomó nada bien.

Al principio todo fueron sonrisas y pacientes palabras. Pero poco después, al ver la negativa en mis ojos, los suyos empezaron a arder, reivindicando por aquello que no había luchado. Sube la voz y empieza a ordenarme... parecia que la lanza que queria me pedía a gritos que se la otorgara, con la punta hacia él.

Salí de la habitación como pude, y entonces se me hecharon los guardias encima, gritandome ladrón. Bastó oir el sonido de las espadas desenvainandose para que ya tuviera la lanza en la mano. Ni siquiera se dignaron a intentar escucharme, me atacaron, mientras de fondo se oían los gritos del gordo mercader que se hacia llamar familiar mío.

Pero podía con ellos. Unas simples espadas no podían contra mi lanza. No les maté, entendía que apesar de todo estaban tan sólo haciendo su trabajo, pero cada vez venian más y más. Ya no se acercaban, simplemente me iban haciendo un corro a una distancia prudente, para que al final oye el silbar de unas plumas y todo se oscureciera...

Al final, sólo quedó ella...

lunes, 10 de marzo de 2008

El Encanto de las Palabras

Me resulta curioso el poder transmitir algo a todo el mundo y una sóla cosa a nada más que una persona. Ilustres palabras, capaces de decir tantas cosas que solo pueden descubrir las personas correctas.

Me encanta.

Me encanta albergar secretos que digo abiertamente para las pocas personas que me leen. Por que algún día podré ver a todas esas personas con las que soy feliz, y podré entregarles esas mismas palabras sin necesidad de una pluma, un papel y un par de sellos.

Ilusión Blanca

Empiezo el día. Uno cómo otro cualquiera, sin nada de especial, sin nada por lo que ilusionarme. Dicen, cuentan, comentan y susurran... pero nada más. Sigo siendo esa persona alta y delgada. Alguien raro y díficil de enteder.

Aquel al que nadie escucha, al que todos ignoran y sólo unos pocos le dan a a enteder que no es gran cosa. Que no vale nada. Que todos los demás simplemente son mejores, por el hecho de ser todos y que tú eres sólo tú. Por que si eres los suficientemente idiota para destacar, es por que eres lo suficientemente bueno para actuar. Actuar por todo, no paralizarte por nada, no reirte cuando a alguien le dan patadas, le insultan o simplemente, no le dicen nada.

Y el día se consume igual que la rutina en mis venas. Un día más que olvidar, un día en el que no he vivido. Un día donde todo sigue igual... hasta que un vago recuerdo pasa por mi mente en el lugar de siempre, en el momento de siempre. Entonces oigo el quebrar de la cerradura a la vez que el de la rutina, para acabar hallando en la prisión de las palabras, una ilusión blanca manchada de tinta.

La cojo y casi temeroso de que se disolviera entre mis manos al igual que tantos sueños estropeados, gastados y rotos, la llevo al refugio dónde las paredes susurran y por la noche, una luz tenue me lleva a otro mundo donde todo cambia. Donde estoy con quien quiero estar...

Donde simplemente, soy feliz.

Rasgo el fino papel blanco con avidez y de forma torpe. ¿Porqué estoy tan nervioso? Bueno, no estoy nervioso, estoy ilusionado. Por una vez lo que más me preocupaba en aquel momento era lo que sostenia en mis manos y no lo que ocurriría en el predecible dia de mañana. La termino de leer entre risas y recuerdos.

Y por una vez, después de mucho tiempo, vuelvo a sonreir por saber qué me esperará mañana...

domingo, 9 de marzo de 2008

Recuerdos de Tinta Azul

Cada vez menos para llegar al final... para simplemente decir adiós, ya nos veremos.

Ahora debería empezar a decir lo que todos esperan que diga. Que os hecharemos de menos, que nunca os olvidaremos y que al pasar por la calla de las Fuerzas Armadas, recordaremos todo y a todos.

Pero no, no pedí escribir esto para decir lo que cualquiera podría decir mejor que yo. Sólo pretendo usar esta carta para otorgaros unos recuerdos de tinta azul vagamente olvidados, aveces recordados pero nuncan nombrados.

Llevo semanas intentando escribirlos, pero me resulta difícil. Todos esos momentos que hemos vivido no son fáciles de recordar, ni tampoco de olvidar. Son cosas que siempre están ahí, sin hacer ruido, hasta que un día te percatas de ello. De todo lo que ha pasado y de lo poco que queda por pasar.

Ha habido momentos buenos y malos... es eso lo que tanto me ha costado escribir. Siempre es como un callejón sin salida, que me obliga a retroceder. ¿Qué decir de los momentos malos? Se supone que son todos esos recuerdos que no se deben tener de un lugar añorado y querido. Pero es que siguen ahí. Esos momentos malos siguen ahi, recordandonos porqué surgieron y qué pasara si vuelven a estar en escena.

Y sin embargo, queremos apartarlos, para dejar paso a sólo los buenos. Por eso mismo decidí hacer esta carta, para que todos recordemos los momentos malos, que seguirán ahí, en nuestras vidas, para que no los apartemos totalmente de ellas, por que si no surgirán de nuevo. No son malas compañias, simplemente son una compañia más en el camino que estamos caminando.

Sólo quería decir que todas las experiencias que hemos vivido, recordadlas. Todas, sin marginar a ninguna por el hecho de que no os fuera placentera.

Tan sólo, recordadlas...

sábado, 8 de marzo de 2008

Una tierra a la que llamar Hogar

Bajo el Sol Ardiente, donde la arena quema la carne blanda y el agua se evapora, allí estoy yo.

Dónde sólo a traves de siglos y siglos de quemarnos, deshidratarnos y morirnos de hambre hemos podido encontrar un hogar. Uno en el que no puede venir alguién más poderoso y quitartelo. El Sol nos proteje, la arena nos baña y la brisa nocturna nos húmedece. Por que de nada sirve estar seco de sueños. Hemos conseguido un hogar y ahora, nos toca protejerlo.

Por que hay quién también se ha adaptado a él. Alguién que no conoce el fracaso y se apodera de todo. Alguién que tiene miedo a todo y a nada. Muchos ya se han doblegado ante su voluntad, a su pueblo. Y se expanden... Desean todo, desde el peñón más alto hasta lo más oscuro del océano. Ahora quieren mi hogar, esa tierra que durante años y años han llamado infierno.

Pero no podrán con nosotros. No somos como ellos, hinchados de orgullo matandose los unos a los otros por pura codicia o placer. Nosotros no haremos como ellos, no pedíremos al pueblo que muera en tierra de nadie. Simplemente, seguiremos ahí, incluso cuando puedan pisar la arena ardiente, cuando ya su piel se halla tornado morena y sepan que llorar es el camino más fácil para la muerte.

Incluso cuando crean que ya sea suyo, seguirá siendo nuestro, por que seguiremos ahí, quemandonos, deshidratandonos y muriendo en pos de una tierra al que llamar hogar.


sábado, 1 de marzo de 2008

El Pobre Elegante

Todo estaba iluminado. Luces de colores, sonidos electronicos algo repetitivos, música de ambiente. Si ibas con la compañia adecuada y con la clase adecuada, podias colocarte muy bien desde el principio.

Ya estaba preparado. La mujer, el coche, el traje y el temperamento de los de la clase social alta, capaces de derrochar todo el dinero que quisieran en una noche donde el dinero era lo que menos importaba, pero lo que más abundaba. Iba ha hacer que por un momento, vieran cuán frágiles eran. Eso sí, cuando yo ya me hubiera ido, para aprovechar mejor ese dinero.

Llevaba meses planeando cómo burlar todo. Los guardias, los sistemas de seguridad, las camaras de vigilancia. No fue fácil, pero simplemente era ponerse. Con esfuerzo y algunas herramientas se podía conseguir. Ahora lo más dificil, era actuar. Centrarse entre los gritos de la gente suplicante de otra apuesta. De muchachas pendientes de que un golpe de suerte pudiera hacer que se amarrasen al brazo de un desconocido, borracho de gloria o de toda la gente que, después de que tiraras los dados intentaba ser simpatica contigo. Burlar el sistema era fácil. Burlar al mundo entero que se había creado allí, era difícil.

Y con toda la elegancia que podía fingir, bajé de la limusina y despúes de embilletar al muchacho pendiente de los coches avanzé por la puerta grande, al brazo de la mujer más atractiva de todo el Casino. Miraba a todo el mundo despectiva, aunque siempre sonriente. Saludaba a todo el mundo, gente que no había visto en mi vida, y estos me respondian con una hipócrita sonrisa. Que se quedaran con mi cara, eso siempre me ayudaría.

Pues los magnates no roban. Sólo roban los muertos de hambre con dos dedos de frente para burlar el sistema. Para quebrarlo y replantear la vana seguridad de este pequeño submundo. Pronto, por culpa de algun pobre desgraciado, las luces se apagarían, el griterío de la gente cesaría y la música se silenciaria para siempre.

Despúes de pasear por las mesas, me centré en el juego de cartas de apuestas. Era fácil. Sólo había que usar en el momento preciso la distracción precisa para poder cambiar las cartas. Todo había que hacerlo de manera precisa.

Tras hacer unos cuantos comentarios crueles sobre la clase obrera, me comentan si me interesa hechar una partida. Con la mejor de mis sonrisas les digo que nada me apeteceria más y me siento. Pobres ilusos, aún no sabe cuanto han perdido. Saco el maletín y apuesto fuerte, muy fuerte. Miradas de rencor, odio y desprecio se mezclan con falsas adulaciones y admiraciones. En el curso del juego, se van molestando cada vez menos en tapar sus verdaderos sentimientos hacia mí. Poco a poco, los voy desplumando, hasta que se levantan de la mesa, indignados. Mi cara no muestra signo alguno, pero en aquel momento, un muerto de hambre con dos dedos de frente, había sonreido bajo su traje de lujo.

Mesa por mesa, ganando más y más. Algunos se hecharon a llorar. Otros intentaron montar bronca, y pronto fueron apartados por el deficiente sistema de seguridad. Al terminar, me levanté de la última de las mesas, demientras que todo el mundo me observaba. Pero nadie se atrevió a decirme palabra alguna.


Y después del casino, ya no hay limusina, no hay ninguna mujer enlazada a mi brazo ni falsos amigos que me acompañen. Ahora, sólo quedaba el motón de billetes que llevaba en el maletín. Empiezo a andar por las calles en que me crié, cuando un pobre desgraciado, aparece ante mí.

Le miro. Me mira y después mira el maletín. No hacian falta palabras, solo el cuchillo que llevaba bastaba para saber que queria. Simplemente era el maletín o la vida. Sin vida no me servía de nada el maletín. Sin maletín no me servía de nada la vida.

Putas paradojas del mundo...

Y ahí se acaba mi historia. ¿Que qué hice? Qué mas dá... ¿Qué pasó? Eso es irrelevante. ¿Qué me ocurrió? ... Nada que no tuviera que pasar. Simplemente, le dí un perfecto doble salto mortal a mi vida, y acabé tropezandome con una piedra pocos pasos más adelante, para acabar rompiendome la crisma contra el suelo.

Para la historia, quién murió fue uno de los magnates con más suerte que se ha visto pasar por la Puerta de las Luces. Para el resto, un simple afortunado más. Y para el suelo, un pobre desgraciado, un muerto de hambre con dos dedos de frente para burlar el sistema.

viernes, 29 de febrero de 2008

Cuatro cigarillos y un coñac

No sé hacer poesía
simplemente, me siento incapaz
de escribir palabras vacías
que nadie quiere escuchar

Tan sólo poetas de mierda
incapaces de aceptar
que el pobre siempre pierda
que siempre ganarán los demás

Que tirado en el suelo
viendo la Luna brillar
no se consigue el dinero
para comprar la felicidad

Que ni con 10.000 de mis mejores versos
me daría para empezar
sólo para comprar sueños
de esos, que no se cumplirán

Que acabaré hipotecando mi vida
en la cuenta de algun bar
apostando sonrisas perdidas
por cuatro cigarrillos y un coñac

Y cuando ya halla perdido todo
y sea la hora de pagar
apretaré el gatillo hasta el fondo
y ya nadie, me podrá comprar.

Sólo queria vivir, vivir libre hasta el final...

martes, 26 de febrero de 2008

El Relato de Mi Vida

Hoy he escrito algo que sólo dos personas han leido. Sólo dos, nada más. Quizás fuese el mejor de mis relatos, que me otorgara un hueco en la historia como escritor. O por lo menos, un hueco en la época actual que me sustentara para poder vivir.

Algunos me preguntaron el porqué se lo escribí, pero no encontré respuesta en aquel instante. Simplemente, estabamos mal, todos en general, pero una de ellas en particular. No se me da bien animar a la gente, nunca consigo tal efecto. Mi única manera de decir que me preocupo por alguien, es escribiendo...

¿Por qué escribiendo? Quizás esa respuesta, estuviera en ese mismo relato que nadie más leera. Un relato que sin duda, no marcará la historia. Pero entended, que mis relatos no están hechos para marcar la historia, ni al mundo, ni a nada.

Están hechos simplemente, para mostrar un mundo que a nadie interesa, pero que a todos fascina.

sábado, 23 de febrero de 2008

El Final de la Lista

Sale el Sol por el horizonte. Detrás de mi, el mundo entero.

Un mundo lleno de guerras, de muerte, de incertidumbre ante todos y ante nadie. Los ricos, se hacen mas ricos junto con los pobres, que se hacen más pobre. Putas paradojas del mundo... siempre tan crueles como reales. ¿Para qué luche tanto por un mundo libre? Lo único para lo que sirvió dar libertad fue para que la tomaran unos pocos y la violaran por turnos y en grupo.

Ahora, por camino de cabras y bandidos, abandono ese mundo por el que tanto luché, con una lista en mano. La lista de todos aquellos que murieron por ese ideal. Mis amigos, mis compañeros, o al menos, gente que luchaba contra la corriente insaciable del todo o nada. ¿De que sirvió?

No lo sé, pero repetir una y otra vez las mismas palabras sí que no me servirá. Están muertos, simplemente. Su "larga vida" duró menos de lo que hubieran querido y más de lo que hubieran pedido. No pidieron nada. Inquebrantables, imbatibles y simplemente, únicos. Todas sus penas ya pasaron... ahora donde estén vivirán felices, o quizás sólo es que no viven y por eso son felices.

Caminando, despacio y deprisa. Soñando con qué mas hallá del horizonte, me espera algo mejor. Guiado por la Luna, cegado por el Sol. Siempre el mismo camino, camino de bandidos, camino sin conocer. Hasta poder estar al final de la lista, junto con todos mis compañeros...

Caminé hasta llegar a dónde nunca pude. La Ruta de las Lágrimas se abría ante mí, ante mis ojos, ante mi mente, ante mi corazón marchito. Llegué hasta el borde, donde se habría el Nuevo Mundo que tanto buscaba.

Y después de tantas puestas de soles, de tantos bandidos tendidos en el suelo sangrantes de odio, de soportar el peso de la soledad en mis espaldas, salté y por un momento, el último momento de mi vida, volé, soñé y realmente, pude ver el Nuevo Mundo que tanto buscaba, para acabar ahogando las penas con sudor, lágrimas y conmigo mismo.

Ignorante ignorancia

La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia

Paul Broca

miércoles, 20 de febrero de 2008

Polvo en la Nada

Nací. El mundo no se percató de mi llegada, ni yo de su existencia. Mi mundo en aquel instante era la fuente de la que me alimentaba, el calor que esta misma me ofrecia y un amor simplemente único.

Crecí. Mi mundo era como una sonrisa. Única y llena de vida. Una vida en la que esa sonrisa se tornaría a otros muchos gestos, pero daba igual, en aquel momento tenía la suerte de siempre poder sonreir.

Y ahora vivo, y soy capaz de ver. Y ahora que veo, he descubierto que no quiero hacerlo.Cada vez que veo mi mundo, sólo noto el tic tac de un reloj que me indican que mi tiempo en él se acaba. También noto como él siente ese mismo tic tac, indicando que su tiempo con la raza humana se acaba.

Se consume, espotáneamente rápido como el final de una novela que narra un escritor dependiente de hojas de las que alimentarse. Se consume como esas mismas hojas en la mayor de las hogueras. Una hoguera en la que se hechó demasiada leña, olvidandose de las cenizas. Las cenizas ya no eran nada.

Asi surgímos. De cenizas, de nada. Pero nosotros estabamos ardientes, guardando el poquito calor que poseímos antaño. Y queriamos recuperarlo, estabamos ardientes de consumir. Daba igual que fuera, tierra, agua, luz... hasta consumir la mismísima sabiduría de la que carece Dios.

Y ahora, somos una gran hoguera. Arde vigorosa, por que aún tiene el qué quemar. Pero queramos o no, todas las luces se apagan, y la Humanidad no será una excepción. Cuando no podamos arder más, simplemente, volveremos a ser lo que fuimos...

Un polvo en la nada, que ya no es nada.

domingo, 17 de febrero de 2008

Voluntad de Cristal

Llovía.

Sólo recuerdo que llovía.

Los grandes heroes se apostaban en sus posiciones, dando moral a los nuestros, colocando al resto en cada rincón de la inmensa e inexpugnable fortaleza, construida por los ancestros hará ya un millar de millares.

Pero incluso hace un millar de millares, las rocas siguen siendo rocas y nada más. Si colocas una piedra sobre otra, son dos piedras. Si colocas cien mil, una fortaleza. Y si tienes alguien que sepa dónde colocarlas, un reino.

No soy nada más que eso. Otro bloque de piedra más que colocar para formar una fortaleza de espadas, cotas de malla y escudos. Ahora mismo, no soy nada más.

Pues son los grandes heroes los que ganan las batallas. Las que sus nombres son recordados en esos pergaminos que tarde o temprano serán quemados, roídos o simplemente olvidados. Un heroe sabe donde colocar a sus tropas, como hacer que se mantengan firmes y saber dónde tiene que estar. No importa que sea tierra de nadie. Si un heroe debe estar allí, estará.

Eso son los heroes, heroes y nada más.

La batalla comenzó y todos nos mantuvimos fuertes. El primer impacto fue brutal, su carga desmesuradamente potente. Pero nosotros no cedimos ni un paso, los heroes no dudaron ni un instante. Las rocas, seguían siendo rocas.

Y crash, la puerta se rompe y empieza el combate. La madera, se vuelve astilla y se clava en aquellos que mueren o se arrodillan. Se abalanzan sobre nosotros e incansables y moribundos, incluso en el suelo dan centelladas. Valientes hijos de puta... ni con mil hombres podríamos haber hecho callar sus gritos de venganza.

Y poco a poco, nuestra ferrea disciplina se va mermando. Y su ira se va acumulando cada vez más. El primer de los heroes ya yace muerto y astillado y lentamente como el mejor de los venenos, se van extendiendo planta por planta, matando a todos nuestros compañeros.

Susurros que cobijan el miedo entre las filas de las murallas empiezan a surgir. Susurros que ven como a quedado la primera guarnición. La roca, sigue siendo roca, pero tiembla ante el inminente terremoto.

Y por fin se muestra el primero de los heroes enemigos. El sólo, sin nadie, con el pecho descubierto y tan sólo un hacha, avanza hasta la segunda de nuestras puertas. El capitán de la guarnición, un joven heroe que ganó todo su rango en un golpe de suerte, pareció haber olvidado que los milagros solo ocurren una vez.

Y se oye el crujir del hacha contra el metal y el hueso. Vemos como nuestro capitán yace muerto en el suelo, con un bulto sangrante donde antes tenía el bonito yelmo dorado. Ya le dije que no importaba que fuera de plata oro o hierro, que si le golpeaban, le matarían igual. Y el heroe enemigo le zarandea para comprobar si sigue vivo. Acto después, simplemente lo agarra y lo lanza ante las nuestras puertas. La roca, sigue siendo roca y está manchada de sangre amiga.

Y mientras iracundos, los hombres disparan sus flechas al minúsculo heroe enemigo, el resto del ejercito avanza en dirección contraria a este. A por la puerta, a por nosotros, a por mi. Los crujidos de la puerta, asustan a los hombres, los gritos del enemigo, el viento frío, la lluvia y el cielo oscuro. La roca, dejó de ser roca, ahora son hombres.

Y la moral de los hombres es tan quebradiza como el cristal. Un golpe duro y se hace trizas. Basta con uno heche a correr para que hechen a correr todos los demás. Y así perecierón aquellos que protegian la Segunda Puerta, pisandose los unos por los otros, en pos de correr más que nadie para poderse salvar.

Y ya todo, está perdido. Se puede reflejar en los ojos del Tercer Héroe. Ya no tenemos nada que perder, los hombres no seguirán a nadie. Ya no son más que ganado indefenso al que poder devorar con ansia. Y ahora, es cuando, la roca, deja de ser roca para poder ser quién es de verdad. Nada que ganar sin mucho que apostar.

Y la Tercera Puerta se abre ante los ojos de ambos bandos. Salió un simple guerrero, con la misma arma y armadura que todos. Nadie sabia quien era, ni lo sabría nunca. Simplemente, salió, miró hacia atrás un momento y echó a correr ante el enemigo.

Y llovía...

Sólo recuerdo que llovía.

sábado, 16 de febrero de 2008

Sendero de Locos

Escribo, escribo y escribo.

La verdad, ya no sé ni porqué. Verdades, mentiras o sueños que no me sirven para nada. Eso es lo que escribo, simples palabras que se enlazan formando ideas en mi cabeza.

¿En qué estoy pensando? Cada mañana, después de dormir, con el cuerpo aún entumencido, me planteo la misma pregunta: ¿En qué estoy pensando?

Pero pronto llega el Sol a socorrerme y a aullentar esa idea de mi cabeza. El día a día no deja recapacitar a la mente. Sólo la deja trabajar, trabajar y trabajar. De nada me sirve seguir pensando que las cosas podrán cambiar, que lo sueños algún dia se cumpliran.

Ya no... desde hace mucho, he dejado de pensar. Mi mente sólo está centrada en caminar y caminar en un camino de cara al Sol de la mañana. Da igual que sus rayos me cieguen, o que esté aun cansado y medio despierto. Pa'lante con todo. Con mis sueños, mi voluntad y conmigo mismo.

Empiezo siempre ese camino cada mañana, pero la verdad es que no lo llego a acabar. Acabo de rodillas todas las noches, ahogado en sudor ante una Luna que enigmática, me hace caminar hacia atrás. Y entonces, me vuelvo ha hacer la misma pregunta que me hago momentos antes del alba...

¿En qué estoy pensando?


miércoles, 13 de febrero de 2008

Realidad

Ahora quizás, debiera estar estudiando unos garabatos que no me servirán, de gente que vivió y murió hace décadas. Debo estudiar su legado, su vida. La vida de grandes hombres dedicados a la humanidad, y que su gran vida se resume en un folio de números y letras.

Números y letras, que no tienen que ver nada con la realidad.

Sentir que tiene frío y abrazarla. Eso es realidad. Que la noche oscura nos muestre los garabatos que nunca quisimos estudiar, para que los contemplemos pacientes, disfrutando de cada destello de luz mientras nos roba el calor por admirar las maravillas que nos ofrece.

Ver sus ojos y no parpadear. Eso es realidad. Que la misma noche que nos roba el calor, acabe desvaneciendose ante el brillo de quien más que ella a podido brillar. Brillar con ojos tiernos, que miran sin necesidad de juzgar, transparentes ante un agua turvia, que nunca se debió enturbiar.

Y después de abrazarla y mirarla sin parpadear, querer poder parar el tiempo, y saber, que no podrás. Que tarde o temprano, esos ojos se apagarán, caerán en el vacio y ya nadie los volverá a recordar, en los grandes libros de historia por labores ofrecidos a la humanidad.

Los recuerdos de todos ellos, no son realidad. Vivir eternamente en garabatos, no por siempre servirá, pues de nada sirve perdernos en montones de hojas sin usar.

Si no olvidas su sonrisa, sus ojos y lágrimas al despertar, nunca podras olvidarla, pues eso, es realidad.

lunes, 11 de febrero de 2008

Despojos de un Poeta


En el margen de mi vida

sólo quedan los despojos,
lagrimas de color negro
que me oscurecen los ojos

Que mas dá si caigo al suelo
que mas dá si me levanto
buscando un rincón oscuro
para no escuchar mi llanto

Donde sé quedo el poeta
que buscaba su anarquía
que tenía tanta jeta
que siempre sonreía

Sólo me queda un cigarro
una voz medio rajada
una guitarra que suena
que poco a poco se apaga

Sólo me queda esperanza
de seguir gritando libre
mientras mi alma hecha jirones
sigue estando condenada

Que mas da si caigo al suelo
y no me sigo levantando
si tirado boquearriba
prefiero seguir llorando

Camina en noches sin Luna
en las que sólo bebo vino
y qué mas da el color del fango
negro como mi destino...

Gritando en Silencio

domingo, 10 de febrero de 2008

Dos Mundos

Llegaste. Una chica más. Bonita... simpática... pero nada más. No te conocía y no tenía interés en hacerlo. Simplemente, viviamos en dos mundos diferentes.

Hasta que, por azares del destino, nuestros dos mundos se acercaron y empezamos a conocernos, a salir y a vivir. Muchos de los mejores momentos de mi vida los pasé contigo y con los demás. Con todos nuestros amigos.

Hasta que un día, embriagados de alcohol y gloria, nuestros mundos se juntaron durante un instante, en uno sólo. Durante un momento, fui feliz...

Y la felicidad se me subió a la cabeza, Me creí el rey del mundo, capaz de todo sobre todos. Capaz de todo sobre ti... y entonces nuestros mundos se separaron otra vez.

La verdad, no se si todo esto que te quiero decir es sólo un ataque de conciencia por que me porté mal contigo. No lo sé, yo solo quiero decirte lo que siento.

Sé que es lo que me dijiste la última vez que hablamos de esto. Entiendo tus razones, y las acepto.

Sólo quería decirte, que te sigo queriendo...

Sólo un Momento

Un momento.

Es lo único que he tenido para admirar la belleza de mi mundo, sentir el aire fresco en mi cara y el miedo a que me descubran.

Las luces de las farolas alumbraban tenuemente a la ciudad con un tono amarillento. Las calles están vacías. Tan sólo las hojas de los árboles conversan entre susurros con las estrellas, casi imperceptibles en el cielo.

Reina la tranquilidad... sólo un momento.

Sólo durante un instante antes antes de ser quebrada por el ruido del acero prensado, moldeado y adaptado para consumir la tierra que pisa, y que pisamos todos. Las aceras gimotean en silencio y crujen, pero se mantienen unidas soportando que les pisen una y otra y otra vez.

La Luna desapareció, las luces se apagaron, los arboles se quemaron y el asfalto se quebró.

Pero ya no me importa. Ahora sólo quedamos tú, yo y nada más...

Sueños de Fe

Incredulo, ateo o simplemente gilipollas. Así es cómo me llaman algunos.

¿Que importa lo que crea o no crea? Lo que es verdad y lo que no...

¿Que importa cuanta gente murió por la verdad? Y cuanta gente muere por verdades...

¿Que importa que sueñe, que luche, que dude? Dime... ¿Que importa?

Tú luchas por lo que crees, por lo que te enseñaron, por defender aquello que te otorgaron... A ti te otorgaron fe y a mi me otorgaron sueños.

¿Que importa?

Que importancia tiene que carezca de la fe necesaria para creer que este mundo no se irá la mierda, que después de esta vida habrá otra mucho mejor, un mundo done las palabras libertad, justicia o bondad no sean sólo eso, palabras.

Llevas razón, carezco de todo ello.

Pero no carezco de sueños. Ni de sueños ni de voluntad para cumplirlos en este mundo. Todos esos sueños que nadie soñó, por que tenía miedo a soñar. Todos esos sueños que con el paso del tiempo, se dejaron de soñar.

Yo no tengo fe, pero estoy lo suficientemente loco para soñar. Vosotros teneis vuestra fe, y yo, un mundo por cambiar...

viernes, 8 de febrero de 2008

Miedo a brillar

Las estrellas se esconden de la luz de las ciudades y la Luna llora en el cielo, por que está sóla. Tremendamente sóla...

Hermano de Sangre

martes, 5 de febrero de 2008

Conversaciones con el Diablo

-¿Ves? Las cosas son más faciles así.

-Lucho por lo que creo.

-¿Y eso me lo dice un ateo?

-Te lo dice alguien que sueña con algo mejor.

-Soñar es facil.

-No más que arrodillarse.

-Arrodillate pues.

-¿Ante quien?

-Ante mi.

-¿Ante alguien que me ofrece un mundo irreal?

-Ante alguien... que te proteje de la verdad.

El Escritor

Seguramente verás este fino montón de hojas y simplemente lo ignorarás...

Verás mi nombre en él y no significará nada para ti.

Pero para mí, ese montón de hojas son el recuerdo de una vida que se me escapó de las manos, siempre resbaladiza. Si la cojía con fuerza se me escapaba sin más.

Y aunque ya no pueda cojerla, he aprendido que la vida has de sujetarla como sujetas a una mujer. Con frases susurradas, besos y promesas. Sueños y esperanzas que sabes que no se cumplirán.

Lo admito, soy escritor. Para los que no lo sepan, es una forma más de decir que me alimento sueños e ilusiones. Que la pluma gastada que sostengo diariamente es mi mejor amiga, y los incontables folios que he usado con ella son la tierra que cultivo para poder vivir.

Vivir, y seguir escribiendo. Siempre las mismas historias, los mismos sueños para que los mismos golpes vengan y lo quiebren todo. Muchos me censuran, me aplauden o simplemente se ríen de mi.

Debo escribir a una sociedad inculta, centrada en sí misma y basada en un sistema en el que uno es más feliz cuanto más pisotee al otro. Despúes de tantos años, he asumido que no voy a cambiarla, que no puedo, que soy incapaz. Que ya sólo puedo seguir lamentandome como un viejo más, mientras intento hacerme el hueco que no quiero en este mundo, para seguir consumiendome como la tinta de mi pluma y continuar con mi vida. Esa vida que se me escapó de las manos...

Pero recordad que hasta que mi pluma se seque, seguiré narrando historias de grandes sueños que nunca se cumpliran, de falsas verdades que nunca se contarán, de ideas que nunca se debieron pensar.

Mientras siga vivo, nadie me podrá silenciar.

sábado, 2 de febrero de 2008

Fuego, lágrimas y una despedida

Y con los últimos rayos del atardecer, he de ponerme en marcha.

Mis queridos sacerdotes, viejos y arrugados, creyentes de un Dios que no les otorga nada. Os doy las gracias por todos estos años de resguardo. Os he ayudado en lo que he podido, al margen de mis creencias. Pero ya, me voy. Me voy ha hacer todo lo que me enseñasteis, en nombre de quien no creo. Me voy a mirar mi mundo para observar como se pudre, igual que las manzanas con las que antaño me alimenté. Pero no son mis palabras las que os dejaré como agradecimiento. Y ahora que nuestra última noche en la ciudad a caído, sólo espero que lo que voy ha hacer ilumine suficientemente ha esta ciudad rota, corrupta y excenta de escrúpulos. Espero, que mis huellas dejen algo más que un simple recuerdo de que hace algun tiempo, estuve allí. Espero que vuestro camino, sea mas fácil que el mío.

Ansa


Leí por última vez la carta, mientras mi corazón latía con fuerza, y unas lágrimas mojaban la carta. La cerré con mi misma sangre y la deposité sobre el altar mayor.

Lo que voy ha hacer, nadie lo entenderá. La ciudad de Areth ha perdido la falsa fe que tuvieron hará decadas. No les reprocho nada, yo tampoco entiendo la fe que tienen mis queridos ancianos. Sólo quiero acabar con el ultimo vestigio de esa falsa fe que queda, para que la ciudad de Areth pueda vivir tranquila. Y yo también.

Atravesé los gruesos muros de la ciudad mientras la gente corría ha ver que había sucedido. Una vez fuera, miré hacia atrás y pude ver la ciudad iluminada por el templo en llamas, situado en el centro de la misma.

Fue la primera vez que el templo iluminaba la ciudad. Y también
seria la última.

jueves, 31 de enero de 2008

Reflejos en una Botella

Siempre allí, inalcanzable, invisible ante ojos novatos, inocentes, pero no excentos de curiosidad. Ojos que no entienden, pero que no son ciegos.

Sólo son ojos que ignoran las verdades que les rodean. Ojos que ignoran, el mundo simple.

Pero algún día esos ojos brillaran, y podrán palpar las injustas verdades que les rodean. Entonces, y durante sólo un momento, desearán volver a poder ignorarlas. Pero ya será demasiado tarde. El mundo los deslumbró y sus pupilas se empequeñecieron tanto como su voluntad.

Y ahora, esos ojos se reflejan en una vieja botella de ron, donde ciegos, intentan olvidar lo que nunca debieron haber visto.

miércoles, 30 de enero de 2008

Conversaciones con el Diablo

-¿Temes a la muerte?

-No

-Entonces, ¿temes a la vida?

-No temo a la vida

-Temes a tu futuro.

-¿Futuro? En eso pensaban los muertos, mientras que los vivos aun viven.

-Nadie vive eternamente.

-Ni muere durante toda la eternidad. Morimos, para poder vivir. Nadie dijo que vivir no tuviera consecuencias.

viernes, 25 de enero de 2008

La Flor de la Cascada

Me pediste que escribiera. Y aqui estoy, escribiendo palabras y frases sin sentido, como siempre. Escribo sobre mis ideales, mis sueños y pensamientos día a día. Me pregunto el porqué de las cosas, el porqué del mundo y el porqué de todo. Busco lógica, pero no es lógica lo que quiero hallar.

Sólo quería hallarte a ti, y por fin te encontré. Lejos de mi alcance, como la flor mas bella que crece en lo alto de la cascada. Yo escalaba y escalaba mientras soportaba como los demás podían tocarte y olerte. Pero yo no cese. Daba igual todo, daba igual que estuviera calado hasta los huesos, con frío, cansado, agotado, extenuado, vivo o muerto. Daba igual, todo igual.

Y durante un momento resbalé. La ropa me pesaba, mi cuerpo me ordenaba que me parase. Durante un momento, deseé caer y olvidarme de todo.

Pero ya, no siento nada, no siento frío, cansancio o duda alguna. Ya sólo puedo escuchar los pálpitos de mi corazón, que solo me dicen...

Te quiero

jueves, 24 de enero de 2008

Tormenta de Esclavos

Y una vez más, el día empieza con el sonido del restallear de los látigos.

Os preguntareis quien soy, y de donde vengo. No soy nada mas que una espalda cansada y sangrante. Yo no vengo de ningun lugar. No soy nada más que herramienta de los Dioses. Mi tierra no es nada más que polvo, sudor y sangre.

Y otra vez, oigo el sonido del restallear del látigo. Hará quizas unos años, me hubiera encojido, intentado esquivarlo o simplemente, haber girado la cabeza para mirar al hombre que empuñaba mi vida... pero ya no.

Ya no hay gritos exigiendo justicia, ni libertad, ni piedad. Aquellos mismos que las gritaron les cortaron la garganta, y les dejaron caer en el olvido. Olvidados por los dioses, pero no por los hombres. Pero no aquellos hombres que viven en los palacios, en las casas o en los templos. Los que no les hemos olvidado somos nosotros. Sólo nosotros.

No pude gritar cuando le cortaron la garganta a mi hermano y a mi padre. El dolor me recorria todo el cuerpo y me hacía callar. Ni una lágrima broto de mis mejillas. Mostrar debilidad sólo significaba látigazos mas fuertes. Mostrar osadía, torturas y hambre. Exigir justicia, la muerte.

A los Dioses no se les exige justicia. A los Dioses se les adora, se les rinde pleitesia y se les sirve como cada uno puede. El sacerdote había predicho que gracias al crecimiento de la floreciente ciudad, la riada de este año sería explendida, por lo que abundaría la comida para el pueblo.

Pero no para nosotros. Nuestro único alimento es el sol que acaricia nuestra curtida piel y el agua que mece la tierra. Todos nos dicen cuando comer, cuando beber y cuando dormir. Vida dura para gente dura. Pero hasta la mayor de las pirámides se desgasta con el tiempo, para acabar siendo engullida por el basto desierto.

Y aquel día, decidí convertirme en el basto desierto que los grandes Dioses decían ser. La noche me cubría y no hice más que abrazarla para que ella misma fuera quien me guiara hasta la punta de la pirámide.

"Hijo de los Dioses, decías buscar la inmortalidad... Aquí la tienes"

lunes, 21 de enero de 2008

Reyes de un Tiempo Efímero

Al principio empezó como una simple casilla más que poder marcar. Una opción más que se nos otorgaba como todas las demás. Y por azares del destino quizás, las personas adecuadas, la profesora adecuada y el momento adecuado se juntaron para revatir verdades, para luchar por continuar...

Comenzamos como pequeñas hormigas construyendo nuestro pequeño imperio. Queriamos cambiar el mundo pero ... ¿Qué hacer? Nuestra pequeña vida no daba para grandes cambios, sobretodo, en un mundo tan grande.

Fue entonces cuando decidimos, que si no podiamos cambiar nuestro mundo, nuestra verdad... haríamos que alguien la cambiase por nosotros. Mostrar al mundo, el mundo mismo.

Y nos convertimos en Reyes de un Tiempo Efímero. De todos esos omentos que pasan, siguen y continuan su camino una vez habiendose mostrado ante nuestros ojos y cojiendo un granito de nuestro inmenso desierto del tiempo.

Y de todos aquellos granitos que recogimos, surgió esto mismo que estás mirando. Míralo bien, pues como cualquiera otra duna del desierto, otro simple montoncito de arena, llega, se muestra y desaparece sin más...

jueves, 17 de enero de 2008

Batallas Humildes

Y por fin, llegó.

Algunos estaban preparados, como yo lo estaba hará ya muchos años. Era joven, precavido y un simple novato. Tenía miedo y todavia no había conocido la derrota. No había conocido el dolor en la batalla ni la sangre en mi rostro.

Luchaba por mi mismo. Luchaba por logros y triunfos que poder llevar con orgullo. Luchaba por hacerme un pequeño hueco en la historia. No ser olvidado. Que un pedazo de mi alma, quedara impresa en la dura roca.

Y fue aquella misma batalla, la que me enseñó de verdad. Confiado, masacré a los pobres esclavos que se avalanzaban sobre mi. Ni siquiera portaban arma o armadura algunas con la que protegerse, pero no me importaba. Bastaba que mis hombres me vieran luchar, mientras caían, morían o triunfaban. Pero al rebanar la cabeza del último esclavo, que me imploraba clemencia, pude ver lo que el general Legáratos me tenía planeado.

Vi caer a mis mejores hombres. Ví caer mi espada. Mi cuerpo pesaba de repente y pude darme cuenta de que pesaba de orgullo. Y de que lo mismo que ansiaba era lo que me hacía arrodillarme ante simplemente, alguien mejor que yo.

Caí, junto con otros muchos. La diferencia, es que yo me levanté. Me quite el orgullo, me quite la ambición y las ganas de triunfo.

Y aquí estoy hoy. Las cicatrices todavía escuecen. Las heridas, aun no se han sanado del todo. Pero ahora, mi espada es ligera, ya que alberga la justicia, la esperanza y la humildad. Ya no golpea, corta. Ya no mata, hiere. Ya no exige, demuestra.

Ya no porto armadura alguna o escudo, pues los golpes han de dañarme. Nadie puede matar con fácilidad. Si se debe matar se hará. Si se debe morir, yo mismo cavaré mi tumba y la de mis compañeros.

Si hemos de morir, moriremos. Pero la vida, ahi que vivirla a palo seco y sin escudo.

miércoles, 9 de enero de 2008

El Violinista Sonriente

En una ciudad, alguien, caminaba.

Estaba lloviendo, el día era gris, al igual que la ciudad. La gente se refugiaba en su paraguas, en si mismadas en llegar a donde tenían que ir. Yo era una de esas personas. Iba caminando apresurada por la calle. Y llegaba tarde.

Miraba una y otra vez el reloj, pero de nada servía ya. Lo único que podía hacer era seguir corriendo, bajo la lluvia, y esperar que no se notase mi ausencia. "Que mierda de consuelo... ¿tantos años intentando destacar, y ahora no van a notar mi ausencia? Anda, sigue corriendo, niña tonta."

Pero ni siquiera eso pudo hacer. En un descuido, resbaló y cayó. Mojada, sudorosa y cansada. Y ya era la hora. Era imposible. Y demientras se desesperaba, durante un momento nada más, oyó el ruido de los coches, tan agobiante como constante. A toda la gente caminando, sin siquiera preguntarle si necesitaba ayuda. Allí tirada, mojada, cansada y desesperada, allí entonces, pudo oirla.

En medio de la acera, entre todas las personas que caminaban, egoistas e impasibles, destacaba un hombre con un violín. No llevaba paraguas, ni abrigo, ni ninguna ropa de invierno. Nada más, que un sombrero, una vieja camisa y unos pantalones raidos. Iba descalzo.

Tocaba una melodía tranquila, sencilla, demientras que mecía el violín. No parecia importarle la lluvia, el frío, ni los empujones que algunos le daban al pasar. Sólo seguia tocando, impasible, y siempre sonriente.

Busqué en los bolsillos del abrigo, y encontre algunas monedas. Me acerque a hecharselas cuando, al verme, dio un paso atrás, he hizo una reverencia.

-Yo no toco por dinero. El mundo no me dió este don por dinero.

-¿Y que quieres entonces, violinista?

-Algo que todo el mundo me puede dar.

-Extraña petición.

-Mira a todos los que caminan por la acera. Hombres serios, formales y siempre ocupados. Ya no sueñan con nada, no aman, no viven. Todavia no han descubierto que ya están muertos. La mayoría son mercantes como tú, que se peleean por piezas únicas. Asi que dime, ¿cuanto vale algo único en este mundo?

-Supongo que mucho. ¿Acaso tu música es algo único?

-No. Todos somos únicos. El problema es que todas esas personas viven para sí. Yo me dí a los demás. Dí a todos algo único, que soy yo. Por eso, yo, no pido dinero. Pido algo único, que todos pueden dar.

-¿Y que es eso que pides, violinista?

-Una sonrisa.

domingo, 6 de enero de 2008

Carta a los Sueños Olvidados

Granada 6-2-07

"Sólo al soñar tenemos libertad..."

Pero cada vez que sueño, aparezco en la soledad de tu cama, pues sea de día o de noche, sueño contigo. Observarte como simplemente duermes, sueñas, y soñar junto a ti. Que nuestros sueños se enlacen, y cada segundo sea recordado por las frías almas en pena que nos observan desde la oscuridad de cada rincón.

Pero envío esta carta a ninguna parte, para confesar ante la fría soledad de mi habitación, que la pasión que sentí por aquella mujer, ya se ha desvanecido por mis venas. Mi corazón antes palpitante a su simple recuerdo, ahora no muestra signo alguno de recordar quien era.

Y le pido perdón, por que deje que los sueños se rompieran, como cualquier vidrio al calentarse y enfriarse rápidamente. Y aunque ella me siga esperando, creo que con el tiempo, acabará olvidandome, como yo, ya la he olvidado...

Los sueños rotos de un poeta

viernes, 4 de enero de 2008

Falsas Ilusiones

El ambiente era humedo, saturado, tenso.

No hacia ni un minuto que me había separado de los demás. Estaba sólo, en aquella puta selva tropical, con veinte kilos de placas de metal pegadas al cuerpo y una hoja afilada. Cada vez estoy mas tenso... doy manotazos a las gotas de sudor que resbalan por mi rostro pensando que son mosquitos, y cada paso que doy, me surge el temor de hundirme rápidamente y que no quede rastro de mí. Los multiples sonidos que me impiden dormir por las noches, de cómo insectos, serpientes y demás criaturas muestran su presencia, empezaban a perturbarme el sueño. Mi rostro estaba cada vez más marcado por las ojeras y el cansancio.

Pero no eran ni los mosquitos ni las arenas las que me ponían nervioso, nisiquiera los zumbidos constantes en mis timpanos. Lo que de verdad me ponía nervioso, era que todo eso, había desaparecido.

Ya sólo estaba el silencio. Sabía que me estaban rodeando. Podía empezar a oir sus silenciosas pisadas, su respiración agitada. Saqué la espada, y esperé, concentrandome cada vez más. La vista ya no me servia para nada, asi que intensifiqué todos mis otros sentidos. Podía sentir cómo el sudor me bajaba por la espalda, como mis musculos estaban preparados para una rápida reacción. Unos arbustos se movieron a mis lados, y pude ver que eran muchos.

Totalmente rodeados, eran mas, contaban con número y conocían el terreno. Parecía que se burlaban de mi, y esperaban que me rindiera, rogara pleitesía o simplemente hechara a correr. No les daría la satisfacción de verme correr. No mientras siga mi corazón aun lata.

Y con espada en mano, me abalancé sobre ellos. Pasé la densa pared de plantas altas y proferí el primer tajo, sin tocar nada. Y derepente, me hundí en unos instantes para comprobar quien era mi enemigo, y lo que había hecho.

Caí, y el peso de la armadura magullada por las rocas puntiagudas me hundió mas todavía. No podía salir. El agua me rodeaba, y queria que formara parte de ella. Al cabo de un tiempo, la deje entrar. Y al poco, morí.

Aventurero del Nuevo Mundo

El Pueblo Libre

Los dioses hicieron la tierra para que todos los hombres la compartieran. Pero luego vienen los reyes, con sus coronas y sus espadas de acero y dicen que todo es suyo. Los árboles son míos, dicen, no os podeis comer las manzanas. El arroyo es mío, aquí no podeis pescar. El bosque es mio, nada de cazar. Mi tierra, mi agua, mi castillo, mi hija... No les pongas las manos encima o te las corto, pero a lo mejor si te arrodillas delante de mí te dejo que lo olisquees. Decís que somos ladrones, pero al menos un ladrón tiene que ser valiente, astuto y rápido. Para arrodillarse solo hacen falta rodillas.

Si tenemos que morir, moriremos. Todos los hombres mueren. Pero antes vamos a vivir.

La Canción de Hielo y Fuego - G. G. Martin

sábado, 29 de diciembre de 2007

Ni más, ni menos

La oscuridad me rodeaba demientras que ya, no pensaba en nada. Después de tantos meses sólo, mi mente ya desconectó, simplemente para mantenerse vivo. Pero ¿acaso esto era vida?

Él solo había luchado por una vida mejor, cualquiera lo habría hecho... y pensar que ha eso lo llaman traición. No lo maté por la espalda, no lo sorprendí en un callejón oscuro mientras volvía a su lujosa mansión, ni tampoco mientras dormía. Yo sólo, me puse delante de él, le mire a los ojos, escuché sus últimas palabras.

"Tienes futuro chico... todos esos que se estaban muriendo junto a ti no valen ni la mitad que tú. Tú has sido el que de verdad ha tenido la valía para decirme lo que soy de verdad. No como todos esos malditos aduladores que tengo a mi lado, no sirven para nada. Si por mi fuera, los mandaría matar a todos, pero ya sabes, son hombres con mucho dinero. Dejame contarte una verdad, igual que tu me la has contado a mi. Es una verdad que ya sabes, pero que no quieres ver. Tú me has abierto los ojos, déjame abrirtelos a ti."

"En este mundo, no son los justos, los nobles ni las buenas personas las que sobreviven. Somos nosotros, la gente como tú y yo, que no le tenemos miedo a nadie. Nosotros nos arriesgamos para cambiar el mundo, para mejorarlo a nuestra forma, y lo conseguimos. Todos los que estaban contigo, muriendose de hambre, solo era por que querían. Si alguno de ellos hubiera venido a pedirme de pan, o leche, le habría matado. ¿Te parece que tengo cara de panadero, o de lechero? Sin embargo, llegas tú, y me exiges justicia. ¿Justicia? Te voy a contar la verdad que ya sabes. No hay justicia en el mundo, no por que halla hombres buenos y hombres malos, si no por que no hay justicia para todos. Quieres lo mismo que te estás quejando. Si hubiera "justicia" para tus amigos moribundos, no la habría para todos nosotros."

"Asi que recuerdalo chico, vive para ti, por ti, y de ti, y no intentes salvar a los que te rodean, no son ni la mitad de buenos que nosotros. ¿Que soy un hijo de la gran puta? Quizás, pero yo vivo, demientras que los otros sólo les queda orgullo que llevarse a la boca"

No fue rápido, ni lento. No fue menos de lo que merecia, ni más de lo que yo hubiera querido. Hubo dolor, pero no más que todo el placer que el mismo se daba. Esta vez, nada ni nadie pudo salvarlo.

"¿Que no hay justicia viejo? Si fuera cierto, no estaría aqui, pues yo soy la justicia, y vengo a equilibrar la balanza."

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Nosotros vivimos y ellos mueren

Llueve.

Hacía tanto que no llovía... en los días lluviosos, algo en mi aflora. Todo está triste, húmedo, como si la ciudad que tanto quiero se hubiera echado a llorar. Pero yo, sin embargo, estoy contento. Por que cuando llueve, todo el mundo tiene miedo de salir. Las calles sin refugio alguno de la lluvia se encuentran desiertas, salvo por unas cuantas personas, que corren sujetando un paraguas.

Las gotas caen sobre mi. En mi cara, en mi ropa... Puedo sentir cada parte de mi cuerpo, todas las partes que siempre están ahí, cumpliendo su función, pero que nunca las siento. A veces creo que solo llueve para que el ser humano recuerde su autentica condición, para que lavemos nuestros pecados, y nos dejemos llevar...

Pero ya no.

La tierra se seca, las plantas mueren y nosotros hemos de sufrir bajo la ira del dictador de oro. Siempre allí, inalcanzable. Cada día con mas fuerza, día tras día nos va matando poco a poco. La tierra, ya cruje y se parte ante nuestra presencia, incapaces de aguantar nuestras pisadas sin compasión.

Pero un día llegara el momento, en que compitamos contra el brillo del Sol. Lucharemos contra él, y por una vez, el ser humano demostrará que no necesita de Dios alguno para que se haga la luz eterna. Que la luz eterna, somos nosotros mismos, que no necesitamos el calor del Sol, ni el reflejo de la Luna, ni los consejos de las Estrellas, para poder vivir.

Y ese día, los hijos de la Luna, los herederos del Sol,los conquistadores de Marte, y los dueños de la Tierra, vivirán, ante lo que otros, han muerto.


martes, 25 de diciembre de 2007

Bosques de Sueños

Fui a los bosques, por que quería vivir a conciencia. Quería vivir intensamente y extraerle todo su jugo a la vida. Abandonar todo lo que no fuera vida, para no llegar a la muerte, descubriendo que no había vivido.

El Club de los Poetas Muertos

Inquebrantable

-¿Por que no viniste ayer?

-No pude... tenía mucho que hacer.

-Todos teniamos mucho que hacer, y fuimos.

-Ya ya, pero es que iba muy retrasada y no pude.

-Todos estabamos igual, o incluso peor que tú, y fuimos.

-No todos somos iguales

-Cierto, nosotros vamos peor que tú y fuimos.

-Hice lo que creí correcto, ¿vale?

-Pero dime, ¿fue lo correcto? ... Toma, sigues con nosotros, pero estarlo no es sólo decir que lo estás. Lo correcto no siempre es lo bueno para ti.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

La vida que nadie quiere

Aire...

Respiro...

Oigo el sonido de mi respiración, tranquila, profunda, enferma. Antes todo iba bien. Antes, tenía todo lo que un hombre podía desear. Antes, era importante para la gente. ¿Cómo he acabado aquí? Postrado en una cama, respirando a través de fríos metales, ya solamente soy un enfermo, uno más entre los que me rodean.

No, no soy uno más. Toda la gente que me quería, toda la gente que me apoyaba, todos aquellos a los que le importaba, todos, ya no están. Desaparecieron hace mucho tiempo, pero yo, no me di ni cuenta.

Mis tardes se consumen en esta habitación, cada vez más pequeña. Y solitarias, me recuerdan la triste verdad que se ocultaba tras mi vida. Mi maravillosa vida.

Ya sólo recuerdo mis antiguos momentos de gloria como cualquier otra estrella, demasiado vieja para seguir, demasiado débil para continuar. Mis manos, que en otro momento fueron aclamadas, perseguidas, envidiadas, ahora no son más que bastas extremidades gastadas, demasiado frágiles para siquiera poder coger un vaso.

Mi tiempo se consume, a la vez que mi cuerpo. El humo gris que me dio tan buenos momentos, vienen a cobrar el pago por todos ellos. Y él no se conforma con poca cosa.

Poco a poco, día a día, se acerca un poco más. Debería estar asustado, debería tener miedo he intentar escapar. Debería haber hecho tantas cosas... y las pocas que hice me han conducido a mi tumba vacía de flores, de tierra mojada por el rocío de almas que me deberían recordar.

Pero no me arrepiento. Quizás escogí mal, no lo niego. Pero escogí. Es la diferencia de todos aquellos viviendo vidas que no quieren, hablando de lo que no quieren, amando a quien no quieren. Quizás halla fallado a mucha gente, pero no me he fallado a mí.

Y el 18 de Diciembre de algún año, la vida que nadie quería vino a cobrarse su merecida recompensa...

Peso Muerto

Silencio.

No se oye nada más, sólo silencio.

Nada.

Ni el ruido, ni los gritos, ni el viento... Nada.

Sangro.

¿Por qué sangro?

Sólo sé que sangro

Me caigo.

Estoy tendido en el suelo. Hace frío, mucho frío. Sé que hace mucho frío. Pero no tengo frío... ¿por qué no tengo frío? Hay nieve, debería tener mucho frío...

Alguien me arrastra. No se quién es, pero alguien me arrastra. ¿Acaso alguien se preocupa por mi? Sólo soy un peso al que echarse encima. Herido, insensible y cansado. ¿Para que cargar conmigo?

Siento calor. Y también frío. Siento algo. Estoy llorando. Duele. Siento, y eso duele. Las heridas no duelen, los golpes tampoco. Sólo duele sentir. Nada más...

Y poco después, silencio, sólo silencio...

El Reflejo de un Ignorante

Cansado. No puedo explicarlo de otra manera. Simplemente, estoy cansado. Cansado de palabras bonitas que esconden verdades inquietantes. Cansado de verdades que esconden palabras menos bonitas. Cansado de imágenes ante un espejo, que sólo refleja lo que queremos. Cansado de un reflejo que es más importante, que todo lo que de verdad tenemos delante. Cansado, simplemente, cansado.

Es que... ¿hay otra manera de expresarlo con más certeza? Agotado, extenuado. Pero no, mis fuerzas aún no se han agotado, mi voluntad aun no está extenuada. Aún no, mas disminuye peligrosamente.

Mi fuerza... mi voluntad...¿todo ello para que sirve? ¿Con qué fin? ¿Para qué fin? Alguien dijo que lo único que no sabia era que no sabia nada. Y yo lo único que se, es que quiero saber el saber de las cosas. El dar una respuesta a tantos enigmas. Pero una respuesta que no sea, el reflejo del ignorante.

Todo el mundo se a enfrentado al reflejo del ignorante. Hay quién ha preferido ver el reflejo que este le ofrecía. Hay quién ha preferido no mirarlo, y aceptar el reflejo sin más. Hay tantas personas. Tantas y tantas, y cada una tan y tan diferente, a la vez que parecida. Pero el reflejo brilla y atrae a las personas temerosas de caerse. Temerosas de no poder caminar sólas, de necesitar palabras bonitas ante el espejo. Ante un espejo que te mira, y sabe lo que quiere, lo que necesitas. Lo que todos necesitan, pero que no todos quieren.

Por que no quieren palabras bonitas, que esconden verdades inquietantes. Sólo quieren la verdad. Y la verdad no es algo que se pueda encontrar en un sitio, claro que no. La verdad se encuentra dispersa en todo el mundo. Cada persona guarda un pequeñisimo fragmento de la verdad absoluta. Aquella que rige el mundo de los hombres. Pero esta verdad se ha fragmentado. Mucha gente a dejado de lado a otra mucha gente, para crear su verdad absoluta.

Pero, ¿para qué queremos la verdad absoluta? ¿Para poder decir a la gente qué hacer, si están equivocados, o si lo que hacen es correcto? Yo no quiero verdades absolutas, ni espejos, ni palabras bonitas. Yo solo quiero vivir, para no llegar a la muerte, sabiendo que no he vivido.

Simplemente, Carpe Diem