-¿Que ocurrió?
-Se cumplían todos mis sueños...
Primero, se usaron los materiales adecuados, con la temperatura adecuada. Pero no salía bien, y entonces se hizo todo lo contrario. Nada de igualdad. Unas partes totalmente frías que equilibraran a las partes totalmente calientes. Un poco de polvo marrón, cuadraditos verdes para darle sabor, y todo estaba ya hecho.
Equilibrado, perfecto. Ya podía formarlo a gran escala. Y se distribuyó por lugares muy distanciados entre sí. Uno no sabía que existía otro igual que él a la vez que él no sabia que existía uno como otros. Pero aun así, ambos eran idénticos a la vez que perfectos. Una buena base, nacida en buena estrella por alguien que desconocemos por completo.
Entonces, eso mismo se fue dividiendo y distribuyéndose más todavía. Una porción de ello significaba toda una revolución para ella misma, por que ello significaba que podía ser modificada. Podía cambiar. Podía ser mejor.
Pero la verdadera historia, comienza en uno de esos fragmentos divididos en un distrito perdido. Algunas irregularidades y la cosa cambió. Si algo equilibrado se le añade o se le resta algo, su equilibro cruje tanto como el quebrar del hielo. Y nuestro hielo, quebró.
Esas partes calientes pudieron romper la tranquilidad de las partes frías. Se extendieron y acabaron con ellas. Ahora nos enfrentábamos a una incandescente bola caliente, que de nada servía. El resultado fue la congelación total de ello.
Pero claro, nada de esto fue informado, y todo siguió igual. Las mentiras tapadas más sucias pueden parecer las más brillantes. Y cuando otra vez se produce la división y distribución, esta vez a bocas necesitadas, hay problemas.
Pues cuando algo se enfría muy rápido, se calienta muy rápido. Y no todos consumimos todo tan rápido.

Hacía tanto que no llovía... en los días lluviosos, algo en mi aflora. Todo está triste, húmedo, como si la ciudad que tanto quiero se hubiera echado a llorar. Pero yo, sin embargo, estoy contento. Por que cuando llueve, todo el mundo tiene miedo de salir. Las calles sin refugio alguno de la lluvia se encuentran desiertas, salvo por unas cuantas personas, que corren sujetando un paraguas.
Las gotas caen sobre mi. En mi cara, en mi ropa... Puedo sentir cada parte de mi cuerpo, todas las partes que siempre están ahí, cumpliendo su función, pero que nunca las siento. A veces creo que solo llueve para que el ser humano recuerde su autentica condición, para que lavemos nuestros pecados, y nos dejemos llevar...
Pero ya no.
La tierra se seca, las plantas mueren y nosotros hemos de sufrir bajo la ira del dictador de oro. Siempre allí, inalcanzable. Cada día con mas fuerza, día tras día nos va matando poco a poco. La tierra, ya cruje y se parte ante nuestra presencia, incapaces de aguantar nuestras pisadas sin compasión.
Pero un día llegara el momento, en que compitamos contra el brillo del Sol. Lucharemos contra él, y por una vez, el ser humano demostrará que no necesita de Dios alguno para que se haga la luz eterna. Que la luz eterna, somos nosotros mismos, que no necesitamos el calor del Sol, ni el reflejo de la Luna, ni los consejos de las Estrellas, para poder vivir.
Y ese día, los hijos de la Luna, los herederos del Sol,los conquistadores de Marte, y los dueños de la Tierra, vivirán, ante lo que otros, han muerto.

Respiro...
Oigo el sonido de mi respiración, tranquila, profunda, enferma. Antes todo iba bien. Antes, tenía todo lo que un hombre podía desear. Antes, era importante para la gente. ¿Cómo he acabado aquí? Postrado en una cama, respirando a través de fríos metales, ya solamente soy un enfermo, uno más entre los que me rodean.
No, no soy uno más. Toda la gente que me quería, toda la gente que me apoyaba, todos aquellos a los que le importaba, todos, ya no están. Desaparecieron hace mucho tiempo, pero yo, no me di ni cuenta.
Mis tardes se consumen en esta habitación, cada vez más pequeña. Y solitarias, me recuerdan la triste verdad que se ocultaba tras mi vida. Mi maravillosa vida.
Ya sólo recuerdo mis antiguos momentos de gloria como cualquier otra estrella, demasiado vieja para seguir, demasiado débil para continuar. Mis manos, que en otro momento fueron aclamadas, perseguidas, envidiadas, ahora no son más que bastas extremidades gastadas, demasiado frágiles para siquiera poder coger un vaso.
Mi tiempo se consume, a la vez que mi cuerpo. El humo gris que me dio tan buenos momentos, vienen a cobrar el pago por todos ellos. Y él no se conforma con poca cosa.
Poco a poco, día a día, se acerca un poco más. Debería estar asustado, debería tener miedo he intentar escapar. Debería haber hecho tantas cosas... y las pocas que hice me han conducido a mi tumba vacía de flores, de tierra mojada por el rocío de almas que me deberían recordar.
Pero no me arrepiento. Quizás escogí mal, no lo niego. Pero escogí. Es la diferencia de todos aquellos viviendo vidas que no quieren, hablando de lo que no quieren, amando a quien no quieren. Quizás halla fallado a mucha gente, pero no me he fallado a mí.
Y el 18 de Diciembre de algún año, la vida que nadie quería vino a cobrarse su merecida recompensa...