Que había dado mucho y que había quedado resignado a un saludo, un adiós y un par de besos castos. Ni abrazos, ni simples vistazos que demuestran que ni estoy bien ni hecho pedazos. Que no tienes ni puta idea de como estoy y no te has atrevido a preguntarlo.
¿Que tal? Tirando. A amigos como tú, que no son tantos. Que después de poner los corazones barnizados en asfalto todavía tienen la modestia de decir que el mio es negro, o el suyo blanco. Sigo andando, buscando la autopista dirección a mi vida. Sigo al tanto de las despedidas, las idas y venidas, pero ni saludo cuando me voy ni me despido en las bienvenidas. Antes era divertida la ironía. Ahora no.
Ahora no tiene ni puta gracia.
